Author Topic: El regreso de Enrique  (Read 1136 times)

(RIP) Enrique Mendoza

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Re: El regreso de Enrique
« Reply #15 on: 24 October, 2018, 07:03:17 AM »
Salió de Burgos con un  caballo y dos mulas cargando sus pertenencias. Gracia había insistido en facilitarle carruaje pero prefería ir a su modo.

Antes de salir del pueblo, había enviado varias cartas contando a sus amigos de Londres  como había encontrado todo a su regreso y los planes que tenía. Sabía que sus amigos  esperaban noticias de él, por lo que no los hizo esperar mas.

El cielo estaba limpio, por lo que esperaba una jornada calurosa, y así fue hasta llegar a su primer destino Pucela. Decidió no detenerse mucho y recién descansó un poco más allá. Hizo una pequeña fogata y durmió bajo las estrellas.  Una luna en cuarto menguante veló su sueño. En la mañana luego de beber un poco de vino especiado caliente, siguió camino.  Toledo estaba esperándolo. Al llegar paso por el pueblo donde un el palacio cardenalicio  sobresalía de las otras edificaciones.  Un poco más alejado el castillo del Vassal, dominaba la vista.

Había hecho  ese camino hacía muchos años con su padre pero era un sensación distinta esta vez. Tenía la sensación todo el tiempo, como si el camino lo hubiera estado esperando.  Otra noche más de dormir bajo las estrellas después de un día de marcha agotador. Por la mañana divisar la Alhambra le indicó que había llegado a Granada.

Dejo el caballo en el establo con las mulas. Dejo unas monedas a un  chaval para que los alimentara y cuidara, necesitaban descansar mejor  que lo que habían descansado en el camino. Sabía que se había exigido para llegar pronto en medio de una mezcla de ansiedad y perspectiva. Más exigió a las bestias por lo que el descanso y la alimentación le vendrían bien. Se presentó al Vassal y a algunos lugareños. Tomó una  habitación en una posada y descansó tan cómodamente, que a la mañana siguiente no deseaba salir de la cama. Luego de remolonear un poco  decidió levantarse y pasear por la bella Granada. Aprovecho que había una parroquia para entrar a rezar. Rezar por el éxito de esta aventura de iniciar una nueva vida en el sur de Castilla y León. Rezar por la gratitud dispensada por Teos en ese viaje, al recibir un camino por demás tranquilo. Y rezar también por la protección en el resto del viaje.

Cuando salió de la parroquia se sentía muy animado. Tanto así que salió a caminar y de pronto se vio en las afueras del pueblo y la vista de los campos de ovejas llenaba todo hasta donde alcanzaba la vista.

Gracia Mendoza

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Re: El regreso de Enrique
« Reply #16 on: 28 October, 2018, 01:58:37 PM »
Fueron unos días muy agradables los que habían pasado con el primo Enrique.  Pero había llegado el momento de su partida; Enrique deseaba iniciar una nueva vida en Andalucía. Gracia pensaba que era una idea excelente, pues el sur estaba en pleno desarrollo. Habían construido castillos para proteger todas las regiones de los ataques de los nativos y muchos ciudadanos muy valiosos se habían mudado a vivir a Sevilla, Granada y Almería.

El día de su despedida, Emrique había obsequiado a Madre con un bello broche , a su esposo Roberto con una letal espada traída de Londres y a ella misma con un precioso vestido rojo de estilo morisco y un escudo con los colores de los Mendoza. Gracia estaba muy feliz. Su primo era un verdadero señor, generoso e inteligente.

Enrique tenía planeado invitar a algunos de los amigos que había conocido durante su época de estudiante a viajar hasta Castilla e instalarse con el, crear una pequeña comunidad y dar un impulso a la economía. 

Gracia tomó pergamino y pluma para enviar algunas cartas; al Señor de Granada Ahmad, al Señor de Sevilla Jordan Miller, al Capitan Vilches, a la querida señorita Klara, instándoles a recibir y ayudar a su primo en cuanto pudieran.



(RIP) Clara Mendoza

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Re: El regreso de Enrique
« Reply #17 on: 20 November, 2018, 09:08:10 PM »
¿Qué opciones tenía? Entre el sueño delirante de la adormidera, su mente se resistía a descansar. Podía hacer lo que quisiera. "Lo que quisiera"... ¿seguir con la vida en el convento? ¿ir a buscarlo? ¿hacer como que nada había ocurrido? No. Nada de eso. ¿Qué quería ella de su vida? ¿Qué hubieran querido sus padres? Definitivamente no se quedaría igual todo luego de la carta que ella había recibido. Ella se lo haría notar.

Trató de incorporarse, y eso llamó la atención de la novicia que la estaba cuidando. Clara la miró, semi acostada, apoyada sobre sus brazos para sostenerse. Su rostro, en lugar de la sonrisa habitual, estaba serio y ojeroso, y su pelo desalineado.

- Ayudadme, por favor. -dijo Clara a la hermana de la Fe- Necesito escribir una carta. -hizo fuerza para terminar de incorporarse, y enseguida la joven que la cuidaba la asistió.

Aún tenía la mente pesada del sueño de las amapolas, cuando se sentó en la silla frente al austero escritorio de la habitación. Sin que Clara lo notara, la novicia fue a buscar a más hermanas, con la excusa de traerle tinta y plumas.




(RIP) Clara Mendoza

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Re: El regreso de Enrique
« Reply #18 on: 26 April, 2019, 10:23:10 PM »
Ya tenía frente a sí el papel en blanco. Pluma en mano, pensaba cómo encabezar la carta. "Querido Enrique..."; no, demasiado formal. "Querido hermano..."; no, en ese momento no lo sentía como querido. Apretó un puño. Sí lo sentía como querido, pero no quería darle esa satisfacción. Quería que supiera que no estaba contenta. A sus espaldas, la novicia que la había ayudado a levantarse se removió inquieta. Había 3 hermanas más, suponía que por prevención debido a lo ocurrido el día anterior.

- Enserio, no debéis preocuparos por mi, ya me siento mejor. -había volteado a mirarlas, y había tratado de sonreírles, aunque el resultado había sido más bien una mueca forzada. Apreciaba lo que habían hecho por ella, y no quería preocuparlas. Suspiró y volvió la vista al papel- Lo de ayer fue... lamentable, y os pido disculpas. No volverá a ocurrir algo semejante. -lo dijo con la vista fija en la punta de la pluma, que temblaba ligeramente sostenida por su mano.

Volvió su atención a la carta. Con caligrafía cuidada escribió la fecha y el lugar, llevó la mano hacia donde escribiría el saludo y dudó un instante. Finalmente se decidió. "Querido hermano:". Ya habría tiempo en el resto del mensaje para que él notara su disgusto. La siguiente media hora la dedicó a redactar la carta. Luego de firmarla prolijamente, dobló el papel, lo lacró y lo selló, y se la entregó a una de las hermanas que aún estaban allí presentes, dando las indicaciones pertinentes para que la carta llegara a destino.

(RIP) Enrique Mendoza

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Re: El regreso de Enrique
« Reply #19 on: 02 May, 2019, 06:26:30 AM »
Finalmente llegó a Sevilla, el Guadalquivir emocionaba como la primera vez que lo vió de pequeño. Detuvo su caballo y las mulas, desmontó y  caminó hasta sus aguas, dejo beber a los animales.

Se dejó caer junto a una gran piedra y apoyo su espalda en ella mirando las aguas correr raudas hacia el mar. Un gorrión pasó volando cerca de él y se posó sobre un matorral junto al río. Tantos años sin ver uno. Recién llegaba y sentía  como en ensueño. Cerró los ojos y se dejó llevar hasta los recuerdos.

Un par de jinetes pasaron por el camino y lo trajeron al presente, miro que el caballo ya no bebía agua y en su lugar estaba recorriendo la orilla mordiendo hierbas. Se levantó y fue hasta él, lo tomó de las riendas y lo trajo hasta donde estaba y fijó las riendas en la gran piedra. Luego fue por las mulas. Las trajo al mismo lugar y  ató sus riendas  en un matorral.
Revisó su caballo y ajusto las cinchas. Acomodó las alforjas.  Ordenó todo  y montó.
Se hizo con las riendas de las mulas y continúo su camino.

Al entrar en el pueblo por la calle principal se cruzó con algunos lugareños que lo miraron con desdén sus ropas, aunque lujosas, sucias de polvo del camino.
Se apeó en la herrería y un chico salió a su encuentro.

-   Una moneda por día, alojamiento y avena. – le decía el chico con voz muy animada mientras tomaba las riendas de los animales. – Y otra más por las dos mulas señor!.

Enrique lo miro de soslayo

-   Pequeño sabandija!  Espero que este incluido la cepillada de mi caballo!- El chiquillo sonrío con picardía sin mirarlo y continuando el camino a los establos le respondía
-   Pues claro señor! - Perdiéndose por el portón de las caballerizas.

Se dirigió caminando a una taberna que vió al pasar y entró en ella calmado. Se acercó a una mesa y pidió un vaso de vino. Cuando un tabernero regordete le trajo el pedido le consultó mientras dejaba unas monedas sobre la mesa.
- Como están las cosas por aquí?
El tabernero lo miro con la ceja de un ojo levantada y mirándolo con desconfianza mientras trataba de adivinar quién podría ser aquel sujeto.
- Pos  lo de siempre. Los campesinos apenas comen, los nobles llenando la bolsa, los soldados con más ganas que dinero y los comerciantes pidiendo oro por baratijas...
Le dejó llevarse las monedas y comenzó a beber inspeccionando el lugar. Conocía lugares así de Inglaterra, pero a diferencia de aquellos estos no le preocupaban, diviso la fauna de siempre,  una mujer liviana regida por un gordo surcado de cicatrices que bien podría ver sido soldado por la forma en llevar su espada. Un joven mirando por sobre el borde de su copa cada vez que bebía, y que seguramente disimulaba beber, sopesando lo que otros bebían y conocer su estado de ebriedad para luego asaltarlos. Algunos trabajadores descansando y gastando algo de sus ganancias. Un par de viajeros por sus petates llenos junto a sus asientos. Otro así mismo tenía sus petates sobre la mesa, era evidente que llevaba algo valioso que no deseaba apartar sus ojos de sus pertenencias. Miró al ladronzuelo y efectivamente lo observaba, no solo él se había dado cuenta de ello.
Tomó su jarra,  y fui a su encuentro, me sentó frente a él viajero mientras este le miraba con asombro.

- Buenas noches caballero, veo que como yo estáis de paso.
Le miro de arriba abajo y llevó su mano disimuladamente bajo la mesa por lo que sospechó fue en busca de algún puñal.
-   No os preocupéis por mí - atiné a advertir- sino por otros ojos que os han observado y como yo saben que guardáis algo de valor en vuestras pertenencias - El hombre desvió la mirada a sus alforjas sobre la mesa. - Mi nombre es Enrique Mendoza y estoy viajando desde el Norte. Descuida que no me interesa que lleváis, solo quiero advertiros que otros si y os tienen observado. Normalmente no me inmiscuyo en lo que no me interesa. Pero estamos en Castilla y lo que pasa en Castilla me interesa. Procura no beber más y cambia vuestro camino si alguien más conoce donde vais

Dicho esto, se levantó para irse y el caballero todo su muñeca para detenerlo.

-   Disculpe mis modales caballero. Por favor acepte una invitación.- Enrique volvió  a sentarse al ver la preocupación del hombre quien paso de estar en guarda a sentirse desarmado y frágil. - Soy del otro lado del mar sabe, comerciante como se habrá dado cuenta, marcho después de hacer ciertos negocios y me espera un barco en el muelle. Puedo pagarle bien  si me ayuda a llegar al “Castañon” anclado en el puerto que me llevará a  Cyrene, mi tierra. – De estar mudo a desparramar tantas palabras me hizo sonreír pero se leía el miedo en sus ojos.
Hizo señas al tabernero quien vino con una jarrón y lleno nuestras jarras. Las bebieron. - Supuestamente debían acompañarme dos caballeros que me escoltarían desde Toledo, pero desaparecieron, hace días que nadie sabe de ellos y me aventure solo hasta llegar aquí.
-   Está bien, os acompaño, pero no necesitáis pagarme por ello buen hombre. Me interesa el comercio y puede que en el futuro me ayudéis u os sirva de contacto por estas tierras. Pretendo asentarme en Sevilla y quizás podremos hacer negocios en el futuro. - El hombre sonrió al ver la posibilidad de aumentar sus negocios.

-   Me encantará podamos hablar de negocios en un futuro cercano, volveré en unos meses, podremos vernos en vuestra morada y hablar de negocios en otros términos.
-   Estaré encantado.

Levantaron sus jarras y brindamos por el encuentro.
Salieron de la cantina y se dirigieron rumbo al puerto ya al pié del Castañón junto a su puente de amarre se despidieron.
En el camino de retorno observó, en una esquina, a la pequeña rata del bar entre las sombras. Seguramente decepcionado de su mala noche.

Caminó sonriente hasta la posada a descansar. El sueño no lo dejo ni desvestirse, quedo dormido mirando el techo con la claridad de la luna entrando por la ventana del altillo que lo cobijaba.

(RIP) Clara Mendoza

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Re: El regreso de Enrique
« Reply #20 on: 07 May, 2019, 08:07:09 AM »
Había tomado una decisión. Y lo había meditado durante todo el resto del día y su noche correspondiente. Sin haber dormido ni una hora siquiera, se levantó al amanecer. Muchas de las hermanas se levantaban a esa hora y más temprano también. Ella lo hacía también en días normales, para trabajar en el convento o para rezar. Aquella mañana, luego de haber masticado sus preocupaciones y habiendo decidido acerca de su porvenir, fue a hablar con la Superiora. No la encontró en su celda ni en su despacho, sino en las cocinas trabajando como una más. Ese rasgo de la Madre Superiora era lo que la había hecho decidirse por aquel convento y no por otro. Clara, habiendo nacido en una familia acomodada, casi había tenido una epifanía cuando la conoció. Luego de que la distancia con Enrique se le había hecho emocionalmente insostenible, había acudido a la iglesia cercana a donde vivía para preguntarle al párroco, quien la conocía desde su infancia, que le recomendara un convento para poder recluirse. Aquel buen hombre la había enviado a hablar con una, para Clara, desconocida. No era siquiera de aquella zona el convento al que la enviaba, y la Madre superiora en cuestión tampoco había nacido en la península.

Lo primero que le llamó la atención cuando la había ido a conocer fue su acento extranjero bien disimulado, y que en lugar de estar rezando o escribiendo en un despacho, estaba cosechando rábanos en la enorme huerta detrás del monasterio.

La había mirado con una sonrisa franca y las manos llenas de tierra. Eso había puesto a la joven Mendoza un poco incómoda, ya que no parecía que fueran a dirigirse a alguna oficina para hablar en privado. Cuando mencionó algo al respecto, la mujer le dijo que debía olvidarse de la privacidad como la conocía si tenía intenciones de ordenarse, pues aunque no hubiera otras hermanas cerca Dios siempre estaba presente. Clara había abierto la boca para replicar y la había cerrado de nuevo, incapaz de encontrar argumento contra eso. Y dejar de estar sola había sido en cierta forma lo que la había llevado allí.

Había visto a la persona más importante del convento trabajando como la más humilde, despreocupada de su aspecto y posición, y feliz de servir a Dios, según pudo comprobar luego con el paso de los años. Ahora estaba allí de nuevo, acudiendo a ella. La misma sonrisa franca y el acento extranjero casi imperceptible, pero bastantes años más grande. Poco había cambiado, sólo la edad y tal vez el conocimiento que tenía. Por suerte Clara sí había mutado. Su carácter se había suavizado, y ya no era la jovencita caprichosa e impertinente que había sido cuando llegó. Se había esforzado en encontrar calma y en poder estar en paz consigo misma. Le había costado asumirse al mismo nivel que las demás hermanas, pero gracias a la superiora lo había logrado... al menos dentro del convento, sus hermanas eran sus iguales, ya que de poco valía la riqueza o el apellido que se ostentara.

- Buenos días Clarita. -por alguna razón siempre la llamaba así- Me alegra saber que os encontráis mejor.

- Gracias Madre. -miró un mendrugo de pan mojado en salsa que la superiora le estaba tendiendo y lo cogió para probarlo.

- Creo que le falta algún condimento, qué opinas? -siempre encontraba la forma de que la conversación fluyera amena. Mientras esperaba el veredicto de clara acerca de la salsa, revolvía pacientemente con la cuchara y sonreía- A veces lo que necesitamos viene de donde no lo esperamos, y todo lo que ocurre está dentro de un plan mayor que no llegamos a comprender. ¿Más ajo?

- Albahaca... o tomillo. -respondió Clara inmediatamente- Mas ajo taparía el sabor de todo lo demás.

- Exacto. -dejó de revolver la olla por un momento y la miró- Muchas veces el exceso de algo bueno nos perjudica. -había otras hermanas en la cocina, ocupadas en sus quehaceres, que se encargaron de la salsa cuando la madre superiora dejó la cuchara y tomó el brazo de Clara para acompañarla de regreso a su celda- Prometedme que cuidarás de tí como Dios quisiera que te cuides.

La frase concluyó cuando aún no habían llegado a la puerta, pero Clara detuvo la caminata para darle un abrazo sentido a quien tanto había hecho por ella. Mientras duraba el abrazo le aseguró que así lo haría. Tal vez finalmente no tomara los hábitos, pero aquel lugar y su gente había marcado su vida para siempre, y para siempre estaría agradecida.

(RIP) Enrique Mendoza

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Re: El regreso de Enrique
« Reply #21 on: 15 May, 2019, 06:32:21 AM »
El sol llego radiante y entraba por la ventana del altillo de la posada donde estaba Enrique.  Sevilla se veía muy bello y las gentes deambulaban por las calles. Salió muy animado ese día camino del  Castillo para ver al mayordomo del mismo y consultar por tierras.

 Llego al castillo disfrutando del paseo, y menciono al guardia su deseo. Pronto fue llevado a quien administraba todo el Castillo de Sevilla y frente a él mencionó su interés.

Luego de que pasara el interrogatorio de quien era de donde ve3nia y que pretendía, comenzaron a ver planos de terrenos, parcelas, haciendas, etc. Disponibles para la compra.

Medito sobre dos opciones y quedó en ir al día siguiente para que uno de sus hombres me llevara a conocer los terrenos, previo dejar una bolsa de monedas en concepto de anticipo por cualquiera de los dos.

Volvió a la posada y se encontró nomas llegar con un zagal de pelo dorado esperando en la puerta que le consulto
- Usted e Don Enrique Mendoza?
- Quien pregunta?
- Tengo mensaje del puesto de carretas y me dijeron que me daría una moneda por él, pero debía dársela a Don Mendoza en mano. Usted e Don Mendoza?
- Y como sabrás que es Don Mendoza?
- Pos, por eso pregunto, no soy tonto de dáselo a cualquera. Si me dice “soi Don Enrique Mendoza”, ahí está, esel.
Enrique sonrió jocosamente al chaval y busco una moneda de entre sus pertenencias
-   Coge tu moneda, soy quien buscáis, dadme el mensaje.

El chiquillo busco entre sus ropas la nota y se la puso en mano bruscamente a Enrique y salió luego disparado.
La nota  casi cae de sus manos, quedó por un instante mirándolo desde el lacre que unía los hilos que la mantenía cerrada prolijamente. Olía a templo, estaba algo sucio por el manoseo seguro de su viaje, pero el lacre estaba sano y el sello del Monasterio en una esquina con el sello Mendoza de su padre que tan bien conocía,  lo dejo dubitativo parado frente a la puerta de la posaba.

 Finalmente entro rápido a su habitación y cerró la puerta con pasador, para sentarse finalmente en la cama junto a la ventana.

Seguía mirando la nota hasta que de improviso y decidido rompió el lacre, los hilos y la abrió
Era la letra de su hermana, recordó cuándo ambos eran enseñados por su madre en las letras y que juntos reían de los trazos de cada quien, buscando imágenes de animales en los trazos para burlarse del otro.
 Pero en esos trazos de Clara no había burlas, no, solo dolor en cada palabra bañada de llantos, seguramente. Conociendo y recordando a Clarita, escucho esa misma voz que tenía en su mente de su hermana,  quien leía la carta para él, y no su voz.



Despacio doblo nuevamente el papel, con sumo cuidado, aunque sintió que doblaba su corazón en la mano, cuando se recostó de lado en la cama y se quedó mirando a la nada, recordando su infancia y una niña de cabellos robados al trigo sonriendo con picardía que le miraba.
« Last Edit: 15 May, 2019, 06:48:00 AM by Enrique Mendoza »