Author Topic: El regreso de Enrique  (Read 394 times)

Enrique Mendoza

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El regreso de Enrique
« on: 10 July, 2018, 06:00:50 AM »
El retorno de Enrique


El San Germán atracó en el puerto atestado de gente y bullicio esas horas. Las gaviotas buscando su alimento para llenar su buche volaban y andaban cómodas entre la gente acostumbrados unos de la presencia de las otras. La brisa fresca del mar estaba cargada del aroma clásico de moho, madera, cuero, sal y sudor. Más aun así el joven respiro profundo antes de descender por la tarima del barco al suelo castellano. Puso su mano a modo de visera en su frente y miró el cielo límpido, soleado, que anunciaba un día caluroso para su viaje a casa.   Mira como descargaban las cajas que traía con él y un fiel sirviente bajaba sus maletas.  Recorrió con la mirada el lugar, tantos años habían cambiado el paisaje, pero reconocía muchos sitios que le anunciaban estar en casa nuevamente.

Habían transcurrido más de 10 años de esa mañana, en ese mismo puerto, cuando su madre y su hermana Clara fueron a despedirlo. Su hermana reía, hacia bromas con él y el viaje. Su madre enjugaba alguna lágrima. Su padre como siempre estaba en sus quehaceres,  organizando incursiones por las luchas entre clanes.  Su madre no había estado de acuerdo con Don Ignacio, pero poco importó. Debían mandar al niño Enrique a estudiar a Londres.  Su hermano mayor Diego había muerto poco días atrás en una de las batallas contra los clanes y su madre se quedaba sin el único hijo varón, su pequeño como le decía todo el tiempo. Sus hermanas, un poco mayores se burlaban de ello.  Ese día Clara estaba ahí con apenas 10 años y Leticia estaba de visita en unos tíos en Burgos. Leticia no se enteraría de la partida de Enrique hasta su regreso a Navarra y descubar que no estaba en casa.  La Muerte de Diego había golpeado fuerte a los Mendoza, se esperaba mucho de él, pues había sido entrenado de chico para llevar la Casa Mendoza a la muerte de Don Ignacio, pero ahora, los Mendoza habían sido desgarrados de esa esperanza.  La planes iniciales para Enrique de servir en la milicia  quedaron afectados por este hecho. Ahora debía reemplazar el lugar de su hermano y educarse para suceder a su padre.  Ahí estaban Clara y su madre despidiéndolo con pañuelos agitados al viento hasta borrarse en la lejanía.  Solo cuando barco se perdió en el horizonte, el joven dejo la cubierta.

Aquí estaba de nuevo, había regresado. Pero no le esperaba nadie. Sus padres habían muerto en la última peste, primero fue Madre Mencía, y luego se fue su Padre Don Ignacio.  Leticia se había casado con un comerciante genovés y había marchado hacía tiempo a Génova. Clarita, según le había escrito su madre, se había unido a un convento pocos años después de él marcharse.  Deudas habían asfixiado las propiedades y su hermana Leticia no deseaba saber mucho de eso, estaba cómoda en su vida en Génova. Por esa razón le había escrito, para que se hiciera cargo de la casa, los campos y las deudas contraídas.  “La palabra de un Mendoza es sagrada”, la voz de su padre enérgica, solemne retumbaba en su cabeza. Venía a su mente la imagen de Don Ignacio mostrándole el lema escrito en piedra junto al blasón en la chimenea de la sala, “Valor, Entereza y Honor”VEHO (del latín portar llevar), como bien sabía, debería llevarlo toda su vida.

Sacudió el polvo de sus ropas y comenzó a transitar hasta salir del puerto. Caminó por el camino principal hasta llegar a una posada, entró, pidió vino y algo de comer.
Se encontraba mirando la puerta de la Posada cuando Rocco entro anunciando que había conseguido carruaje para ir al Caserón de los Mendoza.

Solo una mujer lo recibió en la puerta dándole aviso que su cuarto estaba preparado y una tina con agua caliente lo esperaba. Los muebles de la casa estaban cubiertos de sábanas blancas. Cuando bajó a la sala, más cómodo con si mismo por haberse quitado el aroma del viaje, Rocco le aviso de la reunión con los abogados mañana por la mañana.  Lo despidió para también descansara. Se sentó con una copa de vino junta a la ventana.   Se había ido para educarse en letras, números, historia, lenguas, arte. Educarse para administrar la herencia de Don Ignacio Mendoza. Pero ahora que volvía no había mucho que administrar, quizás nada. Siempre habían decidido por él, ahora le tocaba decir. Había vuelto al pasado, pero estaba solo. Nadie de los que vivían en sus recuerdos estaban ya. Miraba los jardines del patio interno,  las rosas creciendo buscando al sol, los verdes canteros, los senderos de granza serpenteando hasta el pequeño estanque, donde solía jugar con una rama molestando a los peces. Cuando enjugo su ojos húmedos todo se había esfumado, frente a sus ojos las malezas de un metro lo cubrían todo.  Bebió de un sorbo lo que quedaba de vino, cerró sus ojos y comenzó a decidir su vida al fin.
« Last Edit: 10 July, 2018, 06:20:39 AM by Enrique Mendoza »

Enrique Mendoza

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Re: El regreso de Enrique
« Reply #1 on: 13 July, 2018, 05:23:47 AM »
El sol comenzó a ingresar por los ventanales de la casa, subió por la figura de Enrique hasta llegar a su rostro para finalmente despertarlo. Se desperezó, levantó y fue junto a una jarra y un cuenco del mismo material con grabados azules de porcelana inglesa.  Puso agua en el cuenco y se enjugo la cara, tomo una toalla y se secó. Terminado de vestir, bajo al salón.

Rocco lo esperaba con su sombrero y una carpeta de cuero llena de documentos. Salió sin mediar palabra y se dirigió a un carruaje que lo esperaba en la entrada del caserón, que tenía el suelo cubierto con empedrado. Ya en marcha miraba por la ventana del carruaje el camino, tantas veces transitado acompañando a sus padres, rumbo a la oficina de Don Gonzalo, el abogado de la familia.  Al llegar, el carruaje se marchó y quedaron en la puerta del edificio junto a la calle.  Rocco dio golpes con el llamador y anunció a  Don Enrique, debieron esperar a que Don Gonzalo los atendiera.

Enrique se sentó en uno de los sillones de cuero verde y madera lustrada en caoba que habían en  la sala de espera del primer piso. Observó la habitación, con paredes revestidas en madera, cuadros con pinturas de paisajes, estantes llenos de libros, unos ventanales amplios daban a la calle que traían su bullicio algo diluido.
Una puerta amplia de dos hojas se abrió a los pocos minutos, sostenidas por las manos de unos brazos abiertos de un hombre gordinflón con tupidas patillas grises un poco más oscuras que el gris blanquecino del poco cabello en su cabeza. Una gran sonrisa se dibujó al verlo y su experiencia le decía que si un abogado sonreía no era para felicidad del cliente.

-   Pero si el hijo pródigo ha vuelto! Miren nada mas como ha crecido el señorito Enrique! Imagino os acordáis de mí, no?  Pero si aún recuerdo cuando niño vos pedíais dulces del botijo de golosinas a Doña Inés, - puso cara de drama y continuó con su parloteo mientras le palmeaba el hombro, mal augurio pensó Enrique - Que Dios la tenga en la gloria, ella marcho a la presencia de Dios hace algunos años.  Pero bueno que hay asuntos importantes que resolver. Pasad! Pasad!

Enrique aún sin decir palabra entró a la oficina y luego el caballero cerró la puerta tras ellos.
Las horas se sucedieron donde varios abogados mostraban a Enrique libros y más libros de contabilidad,  documentos sellados, rollos lacrados, uno con el testamento de su padre. Todos acompañados con gestos de drama y preocupación en el rostro de Don Gonzalo. Las predicciones se cumplieron, Pagando cuentas y entregando las partes que correspondían a sus hermanas, poco quedaba. Para evitar el bochorno a sus hermanas decidió cancelar las deudas contraídas con su parte de la Herencia y así se lo hizo saber a Don Gonzalo.  Entre gastos adeudados de personal, contratos sin cumplir con campesinos y arrendatarios, gastos de abogados con intereses, impuestos, etc.,  debería incluso vender la Casona.  Don Gonzalo lógicamente tenía un interesado para ella.
Comenzaron a redactar documentos que firmó. Salió  de la oficina acompañado de un más sonriente Don Gonzalo.

-   Si me permitís preguntar Don Enrique que haréis ahora? Un joven estudiado de Londres vendría muy bien a esta oficina, no es fácil encontrar candidatos vos entenderéis.

Enrique lo miro un momento.

-   Agradezco Don Gonzalo el ofrecimiento, pero haré lo que me propuse al iniciar el viaje de regreso
-   ¿Que sería me pregunto?
-   Decidir mi propia vida, y quedar aquí no es mi deseo.

Don Gonzalo se quedó con la boca medio abierta, sin entender muy bien qué quiso decir el joven o al menos eso dio a entender con su gesto. Lo vió alejarse camino a las escaleras y bajar seguido de su sirviente.

Al salir a la acera, volvió a respirar profundo, miró a lo largo de la calle empedrada. Se volvió a Rocco.

-   Las cosas salieron según os predije Rocco. Dije que os convenía quedaros en Londres y con mi carta de recomendación estarías al servicio de alguna buena Casa.

-   Don Enrique,  Londres nunca me gusto, ni su niebla, el frio y la humedad. No me caen bien nada de allí. Venirnos fue lo mejor para mí. Aún tengo dos semanas más a su servicio Don Enrique, si me permite, deseo cumplirlas y después volver a Italia.

Enrique no dijo más y siguieron camino por la calleja. Entró en una tienda a comprar tinta,  papel y lacre.  Siguieron caminando recorriendo el pueblo alimentando por última vez la nostalgia durante el regreso al caserón.

Al llegar habló con la mujer serbia de nombre impronunciable, a la que simplemente llamaba Serbia, sobre la situación económica actual.

-   Agradezco enormemente vuestras atenciones, pero no os podré mantener a mi servicio. Decidme  cuanto se os debe y veré que mañana lo recibáis.

En un castellano con acento del este le respondió sin expresión en su rostro.

-   Don Gonzalo dijo quedarme, atender al señor hasta que el señor deje casa. El señor no debe nada a Serbia.

Enrique asintió con la cabeza indicando que entendía, más de lo que ella imaginaba. Ella dejo la sala a continuar con sus quehaceres. Él entró en la biblioteca, rodeó el escritorio para sentarse. Contempló el escritorio y los muebles de la habitación. Apartó los recuerdos que lo acechaban. Tomó tinta, una pluma, papel y comenzó a redactar unas cartas.

Enrique Mendoza

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Re: El regreso de Enrique
« Reply #2 on: 19 July, 2018, 05:56:16 AM »


Quote

Querida Prima Gracia,

Que Teos os tenga en bendiciones, y os brinde mucha salud para disfrutar años de abundancia de la gracia  de Dios.
Os escribo para daros nuevas de mi retorno a Castilla, hace unos  días arribe a tierras Navarras a casa de mis padres. Con pesar os comunico que, como ha pasado con muchos en este bendito suelo, cayeron en los brazos de la peste. He visitado sus tumbas y dejado flores con una oración por ellos. Fueron enterrados juntos como juntos han estado toda su vida.

Sé que poco podéis acordaros de mí, pues éramos muy chico desde la última vez que os vimos. Poco he sabido de vosotros. Desde mi partida a Londres a estudiar, no tuve muchas noticias de la familia.  Os cuento que Clara entro  en un convento y según sé está bien de salud.  Leticia, poco sé de ella, salvo que se encuentra bien casada con un rico comerciante viviendo en Génova.  Poco más se de ella.  Quizás algún día las visite. He cumplimentado trámites de papeles y más papeles para dejar ordenado todo aquí.  Nuestro nombre queda limpio de deudas, más nada queda para continuar.  Lo poco que pude rescatar se los envié a ellas. Como sabrás entender lo necesitan más que yo.  Tenemos un nombre que proteger  sobre todo.

Así como os escribo a vos, escribo también a nuestra prima Rita.

Ahora queda seguir mi camino y forjarme un futuro. Deseo veros, supe de tu casamiento, lamento no haber podido iros a ver en esa época, pero me alegro por vosotros.  Como os decía, deseo veros si me permitís. Viajaría a Burgos en mi camino a buscar ventura por el Sur. Sé que Andalucía es tierra de oportunidades y en estos momentos es lo que necesito.  Siempre fue mi  sueño más tú me sabréis aconsejar mejor, pues tiempo ha que no estoy en tierra castellana.

Aguardaré noticias vuestras.
Mis cariños y respetos.

Enrique Mendoza.




Terminó de escribir, paso la hoja por la vela para secar la tinta, sopló un poco y dobló la carta. La sello con lacre y tomo otra hoja.

Quote

Querida Prima Rita,

Que la bendición de Teos descienda sobre vuestra vida y os brinde salud para disfrutar años de prosperidad en la gracia  de Dios.
Os escribo para daros nuevas de mi retorno a Castilla, hace unos  días arribe a tierras Navarras a casa de mis padres. Con pesar os comunico que, como ha pasado con muchos en este bendito suelo, cayeron en los brazos de la peste. He visitado sus tumbas y dejado flores con una oración por ellos. Fueron enterrados juntos como juntos han estado toda su vida.

Sé que poco podéis acordaros de mí, pues éramos muy chico desde la última vez que os vimos. Poco he sabido de vosotros. Desde mi partida a Londres a estudiar, no tuve muchas noticias de la familia.  Os cuento que Clara entro  en un convento y según sé está bien de salud.  Leticia, poco sé de ella, salvo que se encuentra bien casada con un rico comerciante viviendo en Génova.  Poco más se de ella.  Quizás algún día las visite. He cumplimentado trámites de papeles y más papeles para dejar ordenado todo aquí.  Nuestro nombre queda limpio de deudas, más nada queda para continuar.  Lo poco que pude rescatar se los envié a ellas. Como sabrás entender lo necesitan más que yo.  Tenemos un nombre que proteger sobre todo.

He enviado carta también a nuestra prima Gracia dándole a conocer estas noticias.

Ahora queda seguir mi camino y forjarme un futuro. Deseo veros, si me permitís. Espero viajar a Burgos primero, en mi camino a Andalucía. Sé que es tierra de oportunidades y en estos momentos es lo que necesito.  Siempre fue uno de mis sueños, a ver como se presentan las cosas. Después  quisiera poder viajar a Portugal y visitaros. Digo Portugal porque fue lo último que supe de ti.

Aguardaré noticias vuestras.
Mis cariños y respetos.

Enrique Mendoza.




Hizo lo mismo que con la carta anterior y dejo ambas sobre la mesa. Ya vería como despacharlas a sus destinos al día siguiente.
Por hoy poco más quedaba por hacer.

Tomó un rollo, lo extendió sobre el escritorio,  el mapa mostraba toda Castilla y León.  Apoyo objetos en sus esquinas para mantenerlo extendido y lo observó por un momento. Comenzó a trazar un itinerario.





Gracia Mendoza

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Re: El regreso de Enrique
« Reply #3 on: 23 July, 2018, 02:33:41 AM »
Entre la abundante correspondencia  había una carta lacrada con un sello que a Gracia le llamó la atención. ¿Donde había visto ese lema, "VEHO" antes?

Rompió el lacre, desenrrolló el pergamino y leyó. El primo Enrique había regresado de Londres. Hacía pocos días que había desembarcado en Navarra y estaba de camino a Burgos.

Gracia intentó recordar... Nunca tuvo mucho contacto con los Mendoza, puesto que su padre se casó en secreto con su madre en contra de los deseos de la familia, que no veía con buenos ojos que uno de sus vástagos se casara con una cautiva, botín de guerra.  Cuando su padre falleció ella y su madre habían intentado encontrar a algún pariente de su madre en el sur, en Andalucia, pero sin éxito. Sin embargo, por casualidades del destino, había sabido de su hermana gemela, Clara, felizmente casada con Lord Gustav .

Ahora tenía otra oportunidad de recuperar a un miembro de la familia. Si, se acordaba de Enrique, de las primas Clara y Leticia y de su tío Don Ignacio Mendoza.  Alguna vez se habían visto y jugado juntos de pequeños, en alguna reunión familiar, en las escasas ocasiones en que su padre había consentido acudir.  Enrique fue enviado a Londres para estudiar y recibir una educación esmerada; Gracia no recordaba haber tenido noticias ni de las primas ni del propio Enrique.

Sin embargo, ahora, terminados sus estudios regresaba a su tierra, y según sus noticias Enrique deseaba establecerse en el sur.
¿Que tenía Andalucía que tanto atraía a los Mendoza?

Pues bien, intentaría ayudar a su primo en todo lo que pudiera.  Inmediatamente dió aviso para que fueran a buscar a Enrique , presumiblemente alojado en la taberna, y le transmitieran sus deseos de invitarle a quedarse en el castillo durante su estancia en Burgos. Su esposo Roberto, Señor del Lucero del Alba. acababa de llegar de viaje y en esos momentos estaba descansando en sus aposentos. Gracia dejó los papeles en el escritorio y fue a contar a su marido las buenas noticias.

"Y además Enrique se las ha apañado para encontrar a una Mendoza portuguesa....Rita... Bueno, no es de extrañar - se dijo a si misma- el antiguo Vassal de Zamora, León despues de la fusión de regiones, fue un Mendoza, y León linda con Portugal. Puede que el tío Pedro tuviera descendientes de los que nunca oí hablar. La verdad es que nunca contestó a mis cartas cuando intenté ponerme en contacto con el,"

Gracia pensó en la leyenda del fantasma de Pedro Mendoza, que aún se aparecía, decían los viajeros, en la torre más alta de su castillo en León.  Era una leyenda tan popular que incluso el famoso erudito, escritor y poeta Ioans de Tata le dedicó un capitulo de su Libro de las Vidas.

Quote
I have heard of a man, a great count of Iberia, whose life did him credit, and even more so the endless battles in which he lead the cavalry of the Christians in battle against the moor. This is don Pedro Mendoza, vassal of King Juan of Castile. The family of Mendoza, of proud nobliliary heritage had in centuries previous been loyal to the Kingly houses of Navarre, for in that region they trace their origin. Indeed, it is told that the beginnings of the family were laid by none other than Inigo Lopez, famous lord of the times of the Cid and lady Urraca. Inigo's great nephew, Lope, was married to Sancha Diaz, who in dowry received the fief of Mendoza.

The son of this couple, Inigo, fought with valor at the battle of Las Navas de Tolosa, and is recounted that he first broke the chains guarding the tent of An-Nasir, and thus the King to his shield added the chain as charge, in remembrance of such valor.

And Pedro Mendoza, great great son of such Inigo, having sworn homage to King Juan took it upon himself to continue the legacy of his brave forefathers, and fought valiantly the moor for the best part of the reconquest of Iberia. Indeed, he did fight in Valencia, and Andalus, and at Sevile, and Murcia, and Zaragoza, and many other battles of the Iberian campaigns.

For his valor, he was granted more then the lands of Mendoza, and became lord even of Burgos, and Toledo, and finally Zamora, where his castle stands to this day. He was duke of Pamplona by benefice of the King, lieutenant of the Kingdom at such border.

Yet the years in service, the prolonged spilling of blood all reduced his life, and the man, not forty years of age, had been in his last, not a mere effigy of a young man, and instead became as a shadow, come the spring of MCCCXVI. In vain his niece, Gracia, tried to persuade him to go to the south, to breathe the fresh air, or to travel to Santiago, to make pilgrimage and receive the husk of the penitent before Jacob of Compostele, in vain the pleas of his vassals to exit his long lasting slumber.

On the XXVth day of February he died, alone in the tower of Zamora.

But perhaps more interesting than his life, is the story of his death, or rather, his restless afterlife.
Indeed, Gracia Mendoza has reported that "Don Pedro´s ghost has been seen by the peasants, wearing his gorgeous chainmail and leather trousers, watching the fields around his castle, from the highest tower, on 26 and 28 Feb. Did Don Pedro really die? Has he come back?
After investigation in the church's burial catalogue, it has been found that don Pedro died before, and that the priest, don Carlos of Burgos was so frightened by this, that he withdrew into contemplation, and died of hunger in the chapel, praying himself to death, for the Lord's answer to his questions had been left unanswered. With him died the Cardinal of Toledo, in the very instant.

The death and afterlife of don Pedro Mendoza casts a light on the mysteries of the Lord, for has it not been proved by his return among the living that the soul is indeed immortal? Has not the Lord shown His promise in this? Does Theos still have a mission for don Pedro to do upon the Earth?

Upon those questions, one should keep in mind, that also the family of Mendoza tells us that the ghost of don Pedro, though innocuous, is only a soul inhabiting a festering corpse risen from the dead but not returned to health. He does not speak, nor does he preside his court, nor visit the fields or collect the tax.

Had Theos decided to indeed return life to don Pedro, he would have reinstated his flesh as well. It shall be the work of the inquisitors of the Holy Father to investigate the mystery, as Castile descends once more into a deep dementia, where monopods again inhabit the outskirts of the cities, and wolves swim in the sea, and virgins are deflowered by the Moor in the south, where the Beast again dwells.

En cuanto Enrique se hubiera instalado en el castillo, se pondría en contacto con la prima Rita Mendoza.

« Last Edit: 23 July, 2018, 02:43:23 AM by Gracia Mendoza »

Enrique Mendoza

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Re: El regreso de Enrique
« Reply #4 on: 25 July, 2018, 06:17:20 AM »



Pasaron unos días desde que envió las misivas a los familiares que sabía de su existencia aún.  Había hablado con Rocco la noche anterior y esa mañana estaban todas sus pertenencias en cofres de viaje junto al patio central de la antigua Casona Mendoza.  Pocas palabras quedaban ya por decirse, la amistad entre ellos había traspasado la barrera de sirviente-señor y se había acercado más a la de un amigo.

Cuando el carruaje entro al patio cargaron sus cosas en silencio, ambos subieron y se sentaron uno frente al otro, quedaba poco de tiempo y el camino juntos llegaba a su fin. Pero durante el trayecto no cruzaron palabras.


Al llegar a la parada de carrozas un gran carruaje de viajes esperaba. Unos ayudantes sacaron el equipaje del carro y los subieron al carruaje.  Rocco en silencio se aseguraba que todo quedaba bien sujeto y que nada se quedara olvidado. Cuando se cercioró de ello, se acercó a su amigo y señor.

-   Don Enrique, está todo listo y asegurado.
-   Gracias Rocco, siempre habéis sido de gran ayuda. Espero que encuentres lo que buscas en tu camino
-   Lo mismo digo Don Enrique, no conozco Burgos pero dicen que la Capital del Reino es muy bella.
-   Toda Castilla lo es.
Rocco sonrió, conocía el amor de Enrique por su tierra.

 En Ese momento un hombre hizo señas al cochero sentado con las riendas y un látigo para que calmara los caballos. Cuatro caballos  bien corpulentos de colores variopintos se mostraban inquietos.

-   Bien sabéis que no les gusta estarse quietos tanto tiempo en un lugar.
-   Pues los clientes son los que pagan y deberán esperar un poco mas

Aparece un coche lujoso de madera de oscura cuyo blasón Enrique conocía muy bien, detiendo su andar en la acera de enfrente.
Un moreno bajo del carro y abrió la portezuela mientras otro bajaba cajas y cofres de la parte trasera del carro y las llevaba al carruaje, Donde otro hombre parapetado en su techo recibía las pertenecías que el moreno le pasaba, ordenándolas junto a las de Enrique.
Del carro bajaron dos Damas, jóvenes ellas de muy buena estampa, engalanadas con ropajes de niñas bien. Ambas se acercaron al carruaje y uno de los morenos bajo una placa de metal bajo la portezuela del carruaje que hacía de peldaño, y así subieron ambas.  Los morenos se acercaron y recibieron unas monedas de la que parecía ser la mayor de las dos.  Con reverencia los morenos se retiraron al carro en el que llegaron y partieron con el cochero sin mas.

El hombre que en un principio habló al que dirigía el carruaje les hizo señas a Rocco y Enrique.
-   Bueno Don enrique llego la hora, que tenga buen viaje señor
-   Igualmente Rocco. Os volveré a ver. Tal vez os vuelva a contratar con el tiempo. Quien sabe?

Se dieron la mano y Rocco quedo observando como Don Enrique subía al carruaje sentándose frente a las damos y haciendo un saludo galante frente a ellas. La más joven sonrío por lo que la otra le dió un disimulado toque de codo, y ella a su vez sólo hizo una ligera inclinación de cabeza a Don Enrique.

Don Enrique las observó por un segundo y supo que eran muy distintas una de la otra aunque por sus rasgos debían ser familia, muy seguramente hermanas. Una era de mirada muy inquieta y chispeante. La otra de mirada recatada y dura. Ambas tenían modales distinguidos. Enrique había estado un tiempo en Londres estudiando mucho de historia y nobleza de su tierra, por puro placer. Le apasionaba la heráldica por lo que el carro que las trajo indicaba a las clara que eran de la Familia De La Vega. Esperaba poder conocer un poco más de ellas dependiendo de cuanto duraran el viaje, que no creía ellas lo soportaran. Tal vez sólo fueran un pequeño tramo del trayecto.

El cochero, sacudió las riendas y los caballos comenzaron a avanzar por el empedrado de la callejuela perdiéndose por el camino en la lejanía ante la mirada de Rocco.




Leonor De La Vega

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Re: El regreso de Enrique
« Reply #5 on: 28 July, 2018, 06:44:41 PM »
El día del viaje había llegado, Doña Leonor se encontraba nerviosa ante la inminente partida, Ines revoloteaba a su alrededor haciendo preguntas incoherentes, yendo de su habitación a la de ella, la servidumbre tenía todos sus baúles preparados y en la entrada del gran salón

- Mi niña, ya falta poco para que se vayan, debemos darnos prisa - Le apuraba su nana mientras terminaba de arreglarle los mechones que le sobresalían del peinado

- Sí, sí, ya estoy casi lista. Ines deja eso y termina de arreglar esos cabellos - Le dijo a su hermana quien seguía agitada y emocionada porque viajarían a la capital.

Tocaron la puerta y su nana fue a abrir, regresando de inmediato y apurandola a que se levantara del tocador - Vamos mi niña, el carruaje ya ha llegado y el equipaje ya ha sido subido - Tomó una manta y se la colocó sobre sus hombros - No vayas a enfermar mi niña, el frío del camino no te afecte.

Salieron de su habitación y bajaron al salón donde la esperaban sus padres, su madre tenía lágrimas en los ojos, triste porque sus hijas se irían por tiempo indefinido pues no sabían cuando volverían, la abrazó amorosamente diciéndole que no se preocupara, que estarían bien, luego abrazó a su padre, un poco cohibida por la dureza con que las trataba la mayor parte del tiempo

- Estaremos bien Padre, Madre, espero que podamos volver pronto - Se separó un poco para que Ines también se despidiera de ellos

Subieron al carruaje y el cochero emprendió el viaje - Ines cálmate, te va a dar algo - Su pequeña hermana hablaba y hablaba, preguntaba todo lo referente sobre el viaje, quería saber mucho mas de lo que Leonor podía decirle hasta ahora - Ya verás lo lindo que lo vamos a pasar hermanita, espero que la diligencia no lleve mucha gente, al menos una parte del camino, así podemos ir cómodas las dos solas - Sonrió y miró por la ventana levantando al pequeña tela que la cubría, pronto vio que ya estaban llegando, al detenerse la De La Vega esperó a que el mozo le abriera la portezuela y bajaron a la empedrada calle, los mozos sacaron sus baúles y los colocaron en la diligencia.

- Les deseamos buen viaje señoritas - Les dijeron el cochero y los mozos, ellas los despidieron y se acercaron a la diligencia la cual las esperaba, subieron y se acomodaron una al lado de la otra, al instante subió un joven y tomó asiento al frente de ellas, dio un ligero toque a su hermana para que se comportara, ella inclinó la cabeza a modo de saludo.

La diligencia cobró movimiento y el balanceo se hizo mas notorio indicando que iniciaban el viaje, los cascos de los caballos en el empedrado camino se hacían escuchar levemente, la chica miró por su lado de la ventana con nostalgia, despidiéndose mentalmente de todo lo que conocía. Suprimió una lágrima que intentó escapar por su mejilla. Ines se encontraba feliz y miraba por la ventana, emocionada por el viaje.
« Last Edit: 28 July, 2018, 06:51:01 PM by Leonor De La Vega »

Enrique Mendoza

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Re: El regreso de Enrique
« Reply #6 on: 05 August, 2018, 06:10:41 PM »
El carruaje  dejó el polvo del camino y entro por una calleja empedrada. Se  comenzó a escuchar el murmullo de la gente al pasar el carruaje junto a ellas. Miraba por la ventana como la gente en su mayoría iba en dirección del carruaje, siguiendo camino por la larga calleja que se perdía en la vista.

Luego de pasar por varias edificaciones, el carruaje se detuvo. El edificio era de frente plano y con una puerta amplia de doble hoja de las cuales una estaba abierta, tenis dos escalinatas de piedra y todo su frente estaba en piedra en su mayoría con tistes colorados o rosáceos.

Uno de los carreteros puso un pequeño escalón de madera  y abrió la portezuela, ayudando a las damas a bajar. Primero descendió presurosa Doña Inés y luego Doña Leonor. Mientras miraba el tránsito de gentes y carros por la otra venta como en su mayoría iban rumbo norte. Seguramente en esa zona se encontraba el mercado de Burgos.

Al descender ambas damas, descendí yo también, varias personas alrededor del carro ayudaban a bajar cofres y pequeños arcones, algunas cajas. En su mayoría todas de las Damas, hasta que apareció mi cofre de pertenencias. Lo miraba pensando en lo que quedaba de mi vida.  Vi que las damas que hablaron  con un asistente o encargado que observaba todo desde el primer escalón del edificio les indicaba la puerta  abierta.  Me acerque yo también a preguntar.
-Buen y santo día señor, ¿conoce de alguna taberna u hostal donde hospedarme?
 El personaje hablaba sin quitar la vista de los papeles que tenía en su mano, solo extendió su mano en dirección al norte de la calleja donde estábamos.
-   Buen día, pos siga camino unas calles esta la tres espadas que suele tener habitaciones, y frente la Casal de Manu que es más limpio pero más caro.- Al decir lo último me miro a los ojos como escrutando si podría pagarlo.
Decidí ignorarlo, di mis gracias y continué camino en  la dirección indicada.

Varias calles más abajo  alcancé a divisar un cartel de madera colgando de dos negras cadenas. El sol estaba fuerte y dando en todo la calle. El hambre y la sed comenzaban a molestarme, por lo que decidí entrar en la taberna primero.
Muy poca gente a esa hora y estar limpia y ordenada, fue lo que llamó primero mi atención. Luego que quien estaba detrás de la barra era una señora corpulenta con pómulos rozagantes. Tenía abundante cabellera que su cofia no podía contener completa y salían mechones por ella.  Estaba dando órdenes a una joven que juntaba jarras de una mesa. Cuando  mi silueta entró por la puerta se percató de mí. Una amplia sonrisa se dibujó en su rostro.
- Bo dia caballero! ¿Que desea usted beber?
- Buen día , pues os agradeceré una copa de vino por favor.
- No diga más! – Se volvió a la joven- A ver tu chiquilla tráele una copa de vino al caballero y fíjate que esté limpia no quiero más quejas sobre ti - Luego se volvió a mí- ¿No es de aquí el señor verdad?
-Pues no, acabo de llegar de Navarra con sed, hambre y cansancio. Enrique Mendoza para servirle.
-Las tres Marías! Pos lógico. Manuela aquí presente y la chiquilla perdía aquela es Ester, el Casal de enfrente es mío – se acercó un poco más y dijo en voz baja- “espero no se le ocurra tomar una habitación aquí, pos no dormirá con tantas pulgas que tienen estas cujas de perro, que mi esposo llama catres"
No pude disimular mi sonrisa y mi sorpresa. Ella me observó, en realidad era una mujer muy atenta a los detalles, por lo que mirándome pensante con una ceja un poco levantada continúa.
-Eso que está ahí – señalo un rincón donde un hombre dormía sobre sus brazos sentado en la mesa- Es mi esposo Benito dueño de esta pocilga. Que hace juego con lo marrano que es. Es un buen hombre eso sí. Tiene la costumbre de brindar a la par de cada quien y así termina sus noches. Tengo que dejar mi casal para que haya un poco de orden aquí. -  Dicho esto continúo camino a la barra pero se detuvo unos pasos y se volvió a mí.
- ¿Su pertenecías están en la casa de carreteros? - No comencé a asentir con la cabeza cuando continuó su camino y levanto la mano - Pos ahora mando un chaval que las busque Don Enrique! Osté no se preocupe de nada!

No pude evitar sonreír recordando la nana que me solía dejar de niño sentado en el mesón de la cocina comiendo, mientras ella se movía entre las mujeres dando órdenes al caminar.

Terminé en el Casal de Manuela, en un cuarto del primer piso con una ventana a la calle que deje abierta para ventilar la habitación. Me tendí sobre la cama, mirando el techo de madera. Me dispuse a descansar, envuelto en toallas con el cuerpo limpio luego de un baño reparador. Me dormí tan rápido que no supe a qué hora fue.


« Last Edit: 05 August, 2018, 06:16:04 PM by Enrique Mendoza »

Enrique Mendoza

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Re: El regreso de Enrique
« Reply #7 on: 14 August, 2018, 11:16:46 PM »
La mañana llegó calurosa,  la luz entraba por la pequeña ventana de la habitación junto con el ruido de la calle. Antes de abrir sus ojos siento los golpes en la puerta.

- Joven Enrique abajo hay un mensajero que lo busca. – la voz de  doña Manuela le termino de despertar.
- Gracias doña Manuela, ahora bajo.

Se levantó rápidamente de la cama y descalzo camino hacia en cuenco y lo lleno de agua que había en una jarra de metal junto al cuenco. Se lavó la cara y mojo un poco el cabello para despabilarse del todo y se seco con una toallas color crudo colgadas de unos ganchos en la pared.

Se puso la camisa de lino, la metió dentro de sus calzones, se sentó sobre la cama, se puso sus botas de cuero engrasado, se paró y pisó con firmeza para acomodar mejor sus pies dentro de ellas y salió de la habitación cerrando la puerta.

Bajó presuroso las escaleras pensando quien sería la persona y que querría con él.

Un joven estaba esperando.

- Me esperáis? Soy Enrique Mendoza
-Si Señor tengo esta nota de la Duquesa Gracia Mendoza para usted.

Tomó la nota de las manos del joven y le dió unas monedas, pero el joven quedó esperando después de darle las gracias. Enrique lo miró un momento y pasó a leer la carta.

Era de su prima Gracia, que era precisamente la Vassal y Duquesa de Burgos. Ahora tendría la oportunidad de felicitarla por sus logros y reencontrarse con alguien mas de su sangre, pues lo invitaba al castillo. Es mas le pedía se alojara en el castillo. Vaya sorpresa. Ahora entendía porque el joven seguía parado ahí esperando seguro era un sirviente del castillo y esperaba respuesta.

- Esperáis respuesta verdad?
- Así es Señor,  afuera hay un carruaje esperando para llevarlo hasta el castillo.

Se volvió hacia la puerta de calle y efectivamente había un bello carruaje esperando.

- Está bien, debéis esperar un poco que termino de vestirme y podemos marchar
- Como el Señor diga
- Que no soy Señor, con Don Enrique basta.

 El joven levanto los hombros en señal de da igual y salió a la calle.

- Doña Manu!


La mujer apareció tan rápido que era obvio que estaba detrás  escuchando.

-Trajeron mi equipaje?
- Si Señor!  Digo… Don Enrique,  doy aviso que  lo suban al carruaje.
- Gracias y por favor dadme la cuenta que debo marcharme
- Sí, sí por supuesto ahora mismo.

La mujer dio vuelta en sus talones  que maravillo a Enrique por su agilidad

Subió raudo las escalera y termino de ponerse una chaqueta y juntar algunas pertenencias. Dió una mirada a la habitación para cerciorarse de que no olvidaba nada y salió.

Fuera estaban subiendo su equipaje al carruaje y el joven del mensaje estaba a los pies de la portezuela abierta esperándolo. Subió y salieron sin mas.

Poco a poco el carruaje se fue perdiendo por la callejuela sin mas y doña Manuela mirando desde la puerta pensando  “habré tenío un Nobre en mi Casal y yo ni enterá”









Gracia Mendoza

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Re: El regreso de Enrique
« Reply #8 on: 16 August, 2018, 05:14:17 PM »
Gracia se cercioró de que los aposentos que había dispuesto para su primo Enrique estuvieran en perfectas condiciones. Había elegido uno de los dormitorios con salita en la zona noble, reservada para la familia y los invitados, cuyas ventanas daban al jardín interior, y eran por tanto, tranquilas.

Atendió algunos asuntos en su despacho y bajó al jardín, donde su madre disfrutaba del frescor de la mañana.

"Madre, he enviado un muchacho para que ayude al primo Enrique con su equipaje.  Espero que llegue a media mañana, se instale y nos acompañe en el almuerzo. Mi esposo ya está avisado y también comerá con nosotros."

"Entonces voy a las cocinas ; quiero asegurarme que todo estará preparado"


Enrique Mendoza

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Re: El regreso de Enrique
« Reply #9 on: 21 August, 2018, 03:37:58 AM »

Hacía años que no veía un castillo, ya desde lejos era imponente el mismo en la cima del cerro que se divisaba desde cualquier sitio. Su figura se iba agigantando a medida que llegábamos.  Los estandartes de Castilla y León, Burgos, y la casa Mendoza ondeaban en las torres, recordé  ese estandarte el cual no veía desde mi infancia. Ahí estaba reencontrándome después de tantos años con la sangre Mendoza.

El carruaje pasó bajo el rastrillo del portón y comenzó a girar por el patio para quedar la portezuela frente a la escalinata de la torre de  homenaje. Allí había varias personas esperando y unos sirvientes se acercaron presurosos a abrir la portezuela y poner un taburete bajo ella.

El sol golpeaba con buena intensidad sobre la piedra del castillo  que ya a esa hora  de la mañana estaba muy cálido en el patio del mismo.

Me alegre de traer ropa liviana, y cuando el carruaje se detuvo, la portezuela se abrió  para ver las caras sonrientes al final de la escalinatas. No identifique a ninguno de los presentes. Pero claro, hacia mucho tiempo que no veía a otros Mendoza.

Descendí sonriente, estirándome un poco del viaje y observando todo el panorama del patio del castillo.  Me sentía nuevamente muy feliz.  Comencé a subir las escalinatas.

Gracia Mendoza

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Re: El regreso de Enrique
« Reply #10 on: 12 September, 2018, 01:27:43 AM »
Gracia esperaba con ilusión la llegada de Enrique. El carruaje se detuvo en la entrada del castillo, y un joven de aspecto elegante y rostro amable se apeó del mismo.

"¡Enrique! Querido primo, sed bienvenido! , Gracia bajó a medio camino de las escalinata para recibir al apuesto Mendoza. Enrique comenzó a realizar una cortés reverencia pero Gracia lo detuvo y con un abrazo fraternal prosiguió:

Venid, entrad, madre nos espera en la sala. Primero permitidme enseñaros personalmente vuestras habitaciones, donde ya están llevando vuestro equipaje.

Y colgada del brazo de su primo, lo guió al interior de la residencia.

Enrique Mendoza

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Re: El regreso de Enrique
« Reply #11 on: 13 September, 2018, 10:41:48 PM »
 Del Brazo de  Gracia, comenzó a recorrer el castillo pasando por unos bellos jardines con algunas características moriscas en ellos que le daban un toque de alegría. Las galerías con enormes ventanales amplios daban a un patio con jardines. Las columnas tenían hermosas arcadas caladas que realzaban el lugar.

Comenzaron a subir escaleras de piedra y granito mientras conversaban animadamente.

- Tienes un hermoso sitio prima, hace tiempo que no estoy en un lugar así. A vuestra madre no la recuerdo, no sé si alguna vez nos vimos.  Estoy emocionado por verla. Reencontrar y reunir a la familia, los que quedamos de ella debemos volver a reunirnos, es una de mis intenciones al volver y estar junto a la tumba de mis padres. Como os mencioné, tenemos una Prima en Portugal. Esta en mis deseos viajar en cuanto pueda a conocerla. Le he escrito al menos, y recibido mi carta.

Ella lo escuchaba atenta dejándolo explayar según su experiencia como diplomática del reino. Por otro lado Enrique estaba emocionado por el reencuentro con la familia.

-Tengo planes prima Gracia, desde niño quede prendado por los paisajes, colores y aromas del sur. Sobre todo del Guadalquivir.

Se detuvo de pronto y mira sonriente a una Gracia sorprendida.

- Gracia... He propuesto en mi corazón rehacer mi vida en Andalucía. Sea en Sevilla, Granada, Almería o Aracena. El lugar de esa hermosa tierra importa poco. Sí ya sé, nuestra familia fue Navarra toda la vida y sangre Asturiana corre por mis venas también. Pero como os dije, mi corazón reclama viajar al sur.  Ya me diréis como esta todo en el Sur y que tan loco es mi sueño. 

 La emoción al recordar los días felices en Andalucía en su niñez era palpable y lo llevaban a hablar de ello con gran entusiasmo. ambos sonrientes vuelven a avanzar por las escaleras y llegar a un pasillo  con una gran puerta entreabierta de la cual salía la luz de un sol muy potente a esa hora del día.
Al ingresar en la habitación Enrique se dirigió rápidamente al ventanal  con grandes y pesadas cortinas verdes a su laterales y por sobre él. Se asomó y se veían jardines abajo de ella y, una vista  hermosa del cielo azul límpido de Burgos. Se volvió a Gracia quien estaba parada expectante a la reacción de Enrique quien no podia disimular su alegría.

-Gracias, muchas gracias. Es una habitación hermosa!. La naturaleza, los jardines me han gustado de toda la vida.

Clara Mendoza

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Re: El regreso de Enrique
« Reply #12 on: 13 October, 2018, 08:22:48 AM »
Monasterio de Alloz, agosto de 1318.

Mirando hacia el cielo, por entre el follaje del árbol de nectarina del que estaba juntando frutos, Clara se encontraba meditando en calma. De tanto en tanto cerraba los ojos para disfrutar el calor que le llegaba a los párpados y agradecía a Teos por la bondad de ese momento. El perfume dulce de las nectarinas, la brisa suave que movía las hojas, el sol, de nuevo el sol, que calentaba e iluminaba. Antes de abrir los ojos nuevamente inspiró profundamente, para llenar sus pulmones de la calidez del verano. Entre el murmullo de las hojas movidas por la brisa escuchó los pasos de una de las hermanas de la Fe. Exhaló con toda calma y miró hacia el sendero que cruzaba la arboleda, para recibir con una sonrisa a la Hermana.

- Querida Clara, me envían a buscarte. Ha venido un mensajero con correspondencia para tí, y parece importante.

El rostro de la joven quedó perplejo un instante, y luego se ensombreció. Últimamente no recibía muchos correos. Los últimos correos que había recibido habían sido todos malas noticias. El fallecimiento de su madre, el de su padre… y luego la noticia de que su hermana Leticia contraería nupcias. Este último mensaje no era una mala noticia, pero lo había recibido cuando ya había pasado la boda, y su hermana ya se había mudado a las tierras de su nueva familia, en Génova.

Le agradeció a la Hermana, tratando de que no se le notase la consternación. De repente, comenzó a percibir el tibio aire veraniego como algo insoportablemente caluroso. Forzó una sonrisa para despedir a la Hermana y recogió del suelo la canasta en la que había estado recolectando las nectarinas. Con la mente en el correo, se secó el sudor pegajoso con el dorso de su mano y emprendió el camino de regreso al monasterio. Al caminar notó una nube de moscas que se arremolinaban en el aire cuando ella pasó junto a una fruta podrida que yacía en el suelo debajo de un árbol cercano. El calor intenso la estaba sofocando, por lo que intentó apresurarse para llegar al resguardo de los pasillos techados.

Al llegar, apoyó la espalda contra la pared y casi dejó caer el canasto, para cubrirse el rostro con las manos. Poco a poco, la fría pared de piedra la ayudó a recobrarse del calor. Tomó aire unas cuantas veces antes de volver a moverse. Se miró las manos. Eran delgadas, aunque no tan suaves y pálidas como hubiera deseado tiempo atrás. “Las manos de una señorita” era una frase que le había quedado en la cabeza cuando, de pequeña, se escapaba para jugar con su hermano Enrique, y la reprendían por ensuciarse. Sonrío amargamente. Los hábitos que tenía ahora puestos no hubieran pasado el examen de sus niñeras de antaño, con el ruedo lleno de barro y rocío de trabajar en la arboleda. Y su hermano... no había pasado ni un solo mísero día que no pensara en él, aún hoy después de más de 10 años. Le parecía que con la muerte de su hermano mayor, había perdido a los dos.

Recordaba el día de su partida. Su madre llorando. Ella, pequeña aún, como para notar la gravedad de la situación, ingenuamente había tratado de restar importancia a la situación. La gente viajaba todo el tiempo, y bueno, Enrique partía a estudiar. No era el fin del mundo… pero lo fue. Al comienzo, su madre y Enrique se escribían, y a ella le leían parte de las cartas. Luego comenzó a escribir ella, notitas cortas para agregar a la carta de su madre, pero con el tiempo, dejó de recibir respuestas ¿o tal vez ella dejó de escribir? Como fuera, la distancia se sentía cada vez más lejana, y más pesada. Había sido su hermano más cercano, con quien compartía todo, y ahora se había transformado prácticamente en un extraño. Cada mañana se había levantado esperando recibir la sorpresa de verlo sentado a la mesa, desayunando y llamándola “dormilona”, o viéndolo entrar por la puerta con esa sonrisa grande, tan suya. Pero nunca ocurrió.

La melancolía en la que cayó había sido tan grande, y su temor de no verle nunca más, tan abrumador, que sólo atinó a refugiarse allí donde estaba ahora. La FE en Teos había apaciguado su tristeza… o eso quería creer ella.

Aunque tal vez la carta sólo fuera para avisarle que Leticia le daría sobrinos. Aferrándose a aquella idea, trató de recomponer su rostro, recogió el cesto del piso, y comenzó a recorrer esos pasillos que tan bien conocía, con la luz del sol iluminando el piso a través de los amplios ventanales de vidrio repartido. De paso por las cocinas dejó las frutas y siguió, casi corriendo, hasta su celda.

Enrique Mendoza

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Re: El regreso de Enrique
« Reply #13 on: 14 October, 2018, 12:11:47 PM »
El sol entró por la ventana como cada mañana y se desplazó por la habitación hasta encontrar el rostro de Enrique. Este, poco a poco, fue despertándose de un bello descanso entre sabanas de seda y almohadones. El dosel de su cama del lado de la ventana lo dejada descorrido para recibir el sol. Los Años en Inglaterra habían sido sombríos, propios del clima de la región, pero igual tenían un encanto para él, Aunque recordaba que a Rocco nunca le gusto. El recuerdo le dibujo una leve sonrisa y espero que su amigo encontrará lo que fue a buscar. Con ese pensamiento se puso una mano sobre su rostro para protegerse de la luz del sol y abrió los ojos.
Como cada día allí, recorrió la habitación con la mirada incorporándose un poco en la cama y apoyando su espalda en las almohadas. Extrañaría ese lugar, lo sabía, estaba cómodo, se sentía en casa de una manera extraña. Gracia lo había recibido como si toda la vida hubieran esperado ese encuentro; “La unión en la sangre en muy fuerte en los Mendoza” solía decir su madre cuando eran chicos y él se abrazaba con su hermana Clara después de alguna pelea o discusión. La misma sensación vivió al encontrarse y abrazar a Gracia.  Su madre y su esposo, estuvieron muy afectivos con él. Recordó la primera vez que almorzaron todos juntos,  que Tía y Lord  Alfaro reían de que tanto Gracia como Enrique, no paraban de contarse historias.
Pero el día había llegado, en unas horas marcharía rumbo al sur, la tierra que lo llamaba de alguna manera misteriosa.
Finalmente se levantó, coloco agua de una jarra en un lavabo de cerámica, se lavó las manos y la cara, mojo un poco sus cabellos y se secó.  Comenzó a vestirse cuando sintió golpes en la puerta.

-   Pasé
Una de las sirvientas del castillo abrió la puerta y pregunto.
-   El señor desea le traigan el desayuno o baja
-   Bajo, gracias. Voy en un momento
Ella asintió con la cabeza y se retira cerrando la puerta.

Miro sus cosas y comenzó a guardar todo en los cofres, era mejor no demorar más su partida para evitar luchar contra la nostalgia por un lado y  la bien que su familia lo había hecho sentir los días que estuvo allí.

Guardo entre sus ropas algunos objetos que su prima le obsequio para su nueva estancia en el sur. Objetos delicados que representan un especial valor para él, para la familia.

Se arregló pliegues invisibles de su ropa y salió de la habitación, bajó las escaleras y camino el trayecto al desayunador saludando al mundo de gente que se movía a esas horas de la mañana habitualmente.
Entro al salón y su prima estaba sentada en la esquina de la gran mesa, lo miro y sonrió.

-   Buenos días - dijo Enrique
"-   Buenos días Primo" - contesto ella sonriente- "finalmente llego el día".
Sonrió feliz y asintió con la cabeza.
El día había llegado.

Luego del desayuno todos estaban en el patio del castillo   despidiendo al primo Enrique, mientras los sirvientes subían sus pertenencias al carruaje.

-   Bueno, gracias a todos, Tía, primo, prima Gracia. Me habéis regalado unos días maravillosos que atesoraré en mi corazón. Espero devolverles la atención algún día en Granada, Almería o Sevilla. Quién sabe?.

Los abrazo a todos y subió al carruaje que nomas cerrase la portezuela los cascos de los caballos sobre el empedrado del patio iban anunciando el viaje.

Así el carruaje paso bajo el rastrillo y se fue haciendo pequeño el castillo que protegía a su familia.
La voz de su padre volvió a despertar en su mente “Los Mendoza estamos más allá de nuestros deseos, somos instrumentos del destino”

Clara Mendoza

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Re: El regreso de Enrique
« Reply #14 on: 15 October, 2018, 07:58:47 AM »
Toda su tranquilidad se había perdido en un momento. Qué fácil resultaba de romperse lo que creía había podido construir en años. Sólo una carta, eso bastaba.

Ahora, mientras masticaba con aire ausente una tostada con mermelada, en silencio, y en compañía de las demás novicias, bajo los efectos de la adormidera que le habían dado, juntaba en su interior toda la incertidumbre que le había generado esa carta. La carta del abogado de su familia. Don Gonzalo le escribía por orden de su hermano Enrique. Aquello la había llenado de furia unas horas atrás cuando, luego de abrir el sobre con impaciencia, había leído el contenido. Entre los papeles buscó, infructuosamente, alguna nota de Enrique... pero no halló nada. Sólo el informe acerca de una parte de la herencia, datos de gastos, de la casa y demás cosas que no le importaban en lo absoluto. Miró a trasluz el envoltorio vacío, levantándolo hacia el ventanal, pero no había nada.

Su hermano Enrique... a quien había recordado cuando le avisaron del correo. El mismo que había sido su compañero de juegos cuando niña, su confidente y su interlocutor en miles de tardes de charlas. En quien pensaba todos los días. Quien por su ausencia había decidido trasladarse al monasterio. Su hermano, que había regresado de Londres vaya a saber hace cuánto, nunca le había avisado de su regreso, no había sido capaz de mandarle ni siquiera unas líneas, sino que se había limitado a ordenar que se le informara. Tal vez ni siquiera eso, y sólo había sido iniciativa de Don Gonzalo.

Su grito de rabia había llamado la atención de dos Hermanas que iban hacia la capilla a orar, y la habían encontrado a Clara en estado de agitación, habiendo revoleado por el aire la única silla de su celda. La joven las vio entrar aún en medio del ataque de ira, y groseramente les gritó que se fueran, para después dejarse caer de rodillas y sollozando. Una de ellas fue en busca de ayuda, y la otra se le acercó para asistirla, sosteniéndola por los hombros y ayudándola a tomar asiento en el camastro. Cuánto había necesitado Clara ese hombro en el cual desahogar su llanto.

¿Qué le habían hecho a Enrique en Londres para que ya no quisiera saber nada de ella? era lo que se preguntaba mientras la novicia la consolaba en su celda, y lo que se seguía preguntando luego, cuando le habían hecho tomar el calmante, y la acompañaban temiendo una recaída. Las hermanas habían puesto en orden las pocas pertenencias que había tirado por toda la habitación, y le hacían compañía, mientras la claridad de la tarde iba cediendo paulatinamente. Clara aún mantenía contra sí el deteriorado sobre, aunque la infusión había hecho que su mano aflojara la fuerza. Estaba exhausta, de tirar cosas, de llorar, y de pensar. El resto de la carta estaba acomodado en un rincón de la mesa. Las hermanas habían juntado y alisado las hojas. Clara miró los papeles, y luego a sus compañeras, soltó el sobre y enterró el rostro entre sus manos, en parte por vergüenza, y en parte llorando nuevamente.

- Perdonadme... -dijo con un hilo de voz- Perdonadme -repitió aún más bajo. Las monjas se pusieron alerta nuevamente, y una de ellas le pasó el brazo sobre los hombros para reconfortarla, mientras Clara seguía murmurando disculpas.

La adormidera seguía trabajando. Poniéndose de acuerdo con un gesto, las hermanas guiaron a Clara para que se acueste a dormir. No sabían cómo reaccionaría cuando despertara habiendo pasado el efecto del opio. Sería una noche larga para ellas.