Author Topic: El regreso de Enrique  (Read 51 times)

Enrique Mendoza

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El regreso de Enrique
« on: 10 July, 2018, 06:00:50 AM »
El retorno de Enrique


El San Germán atracó en el puerto atestado de gente y bullicio esas horas. Las gaviotas buscando su alimento para llenar su buche volaban y andaban cómodas entre la gente acostumbrados unos de la presencia de las otras. La brisa fresca del mar estaba cargada del aroma clásico de moho, madera, cuero, sal y sudor. Más aun así el joven respiro profundo antes de descender por la tarima del barco al suelo castellano. Puso su mano a modo de visera en su frente y miró el cielo límpido, soleado, que anunciaba un día caluroso para su viaje a casa.   Mira como descargaban las cajas que traía con él y un fiel sirviente bajaba sus maletas.  Recorrió con la mirada el lugar, tantos años habían cambiado el paisaje, pero reconocía muchos sitios que le anunciaban estar en casa nuevamente.

Habían transcurrido más de 10 años de esa mañana, en ese mismo puerto, cuando su madre y su hermana Clara fueron a despedirlo. Su hermana reía, hacia bromas con él y el viaje. Su madre enjugaba alguna lágrima. Su padre como siempre estaba en sus quehaceres,  organizando incursiones por las luchas entre clanes.  Su madre no había estado de acuerdo con Don Ignacio, pero poco importó. Debían mandar al niño Enrique a estudiar a Londres.  Su hermano mayor Diego había muerto poco días atrás en una de las batallas contra los clanes y su madre se quedaba sin el único hijo varón, su pequeño como le decía todo el tiempo. Sus hermanas, un poco mayores se burlaban de ello.  Ese día Clara estaba ahí con apenas 10 años y Leticia estaba de visita en unos tíos en Burgos. Leticia no se enteraría de la partida de Enrique hasta su regreso a Navarra y descubar que no estaba en casa.  La Muerte de Diego había golpeado fuerte a los Mendoza, se esperaba mucho de él, pues había sido entrenado de chico para llevar la Casa Mendoza a la muerte de Don Ignacio, pero ahora, los Mendoza habían sido desgarrados de esa esperanza.  La planes iniciales para Enrique de servir en la milicia  quedaron afectados por este hecho. Ahora debía reemplazar el lugar de su hermano y educarse para suceder a su padre.  Ahí estaban Clara y su madre despidiéndolo con pañuelos agitados al viento hasta borrarse en la lejanía.  Solo cuando barco se perdió en el horizonte, el joven dejo la cubierta.

Aquí estaba de nuevo, había regresado. Pero no le esperaba nadie. Sus padres habían muerto en la última peste, primero fue Madre Mencía, y luego se fue su Padre Don Ignacio.  Leticia se había casado con un comerciante genovés y había marchado hacía tiempo a Génova. Clarita, según le había escrito su madre, se había unido a un convento pocos años después de él marcharse.  Deudas habían asfixiado las propiedades y su hermana Leticia no deseaba saber mucho de eso, estaba cómoda en su vida en Génova. Por esa razón le había escrito, para que se hiciera cargo de la casa, los campos y las deudas contraídas.  “La palabra de un Mendoza es sagrada”, la voz de su padre enérgica, solemne retumbaba en su cabeza. Venía a su mente la imagen de Don Ignacio mostrándole el lema escrito en piedra junto al blasón en la chimenea de la sala, “Valor, Entereza y Honor”VEHO (del latín portar llevar), como bien sabía, debería llevarlo toda su vida.

Sacudió el polvo de sus ropas y comenzó a transitar hasta salir del puerto. Caminó por el camino principal hasta llegar a una posada, entró, pidió vino y algo de comer.
Se encontraba mirando la puerta de la Posada cuando Rocco entro anunciando que había conseguido carruaje para ir al Caserón de los Mendoza.

Solo una mujer lo recibió en la puerta dándole aviso que su cuarto estaba preparado y una tina con agua caliente lo esperaba. Los muebles de la casa estaban cubiertos de sábanas blancas. Cuando bajó a la sala, más cómodo con si mismo por haberse quitado el aroma del viaje, Rocco le aviso de la reunión con los abogados mañana por la mañana.  Lo despidió para también descansara. Se sentó con una copa de vino junta a la ventana.   Se había ido para educarse en letras, números, historia, lenguas, arte. Educarse para administrar la herencia de Don Ignacio Mendoza. Pero ahora que volvía no había mucho que administrar, quizás nada. Siempre habían decidido por él, ahora le tocaba decir. Había vuelto al pasado, pero estaba solo. Nadie de los que vivían en sus recuerdos estaban ya. Miraba los jardines del patio interno,  las rosas creciendo buscando al sol, los verdes canteros, los senderos de granza serpenteando hasta el pequeño estanque, donde solía jugar con una rama molestando a los peces. Cuando enjugo su ojos húmedos todo se había esfumado, frente a sus ojos las malezas de un metro lo cubrían todo.  Bebió de un sorbo lo que quedaba de vino, cerró sus ojos y comenzó a decidir su vida al fin.
« Last Edit: 10 July, 2018, 06:20:39 AM by Enrique Mendoza »

Enrique Mendoza

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Re: El regreso de Enrique
« Reply #1 on: 13 July, 2018, 05:23:47 AM »
El sol comenzó a ingresar por los ventanales de la casa, subió por la figura de Enrique hasta llegar a su rostro para finalmente despertarlo. Se desperezó, levantó y fue junto a una jarra y un cuenco del mismo material con grabados azules de porcelana inglesa.  Puso agua en el cuenco y se enjugo la cara, tomo una toalla y se secó. Terminado de vestir, bajo al salón.

Rocco lo esperaba con su sombrero y una carpeta de cuero llena de documentos. Salió sin mediar palabra y se dirigió a un carruaje que lo esperaba en la entrada del caserón, que tenía el suelo cubierto con empedrado. Ya en marcha miraba por la ventana del carruaje el camino, tantas veces transitado acompañando a sus padres, rumbo a la oficina de Don Gonzalo, el abogado de la familia.  Al llegar, el carruaje se marchó y quedaron en la puerta del edificio junto a la calle.  Rocco dio golpes con el llamador y anunció a  Don Enrique, debieron esperar a que Don Gonzalo los atendiera.

Enrique se sentó en uno de los sillones de cuero verde y madera lustrada en caoba que habían en  la sala de espera del primer piso. Observó la habitación, con paredes revestidas en madera, cuadros con pinturas de paisajes, estantes llenos de libros, unos ventanales amplios daban a la calle que traían su bullicio algo diluido.
Una puerta amplia de dos hojas se abrió a los pocos minutos, sostenidas por las manos de unos brazos abiertos de un hombre gordinflón con tupidas patillas grises un poco más oscuras que el gris blanquecino del poco cabello en su cabeza. Una gran sonrisa se dibujó al verlo y su experiencia le decía que si un abogado sonreía no era para felicidad del cliente.

-   Pero si el hijo pródigo ha vuelto! Miren nada mas como ha crecido el señorito Enrique! Imagino os acordáis de mí, no?  Pero si aún recuerdo cuando niño vos pedíais dulces del botijo de golosinas a Doña Inés, - puso cara de drama y continuó con su parloteo mientras le palmeaba el hombro, mal augurio pensó Enrique - Que Dios la tenga en la gloria, ella marcho a la presencia de Dios hace algunos años.  Pero bueno que hay asuntos importantes que resolver. Pasad! Pasad!

Enrique aún sin decir palabra entró a la oficina y luego el caballero cerró la puerta tras ellos.
Las horas se sucedieron donde varios abogados mostraban a Enrique libros y más libros de contabilidad,  documentos sellados, rollos lacrados, uno con el testamento de su padre. Todos acompañados con gestos de drama y preocupación en el rostro de Don Gonzalo. Las predicciones se cumplieron, Pagando cuentas y entregando las partes que correspondían a sus hermanas, poco quedaba. Para evitar el bochorno a sus hermanas decidió cancelar las deudas contraídas con su parte de la Herencia y así se lo hizo saber a Don Gonzalo.  Entre gastos adeudados de personal, contratos sin cumplir con campesinos y arrendatarios, gastos de abogados con intereses, impuestos, etc.,  debería incluso vender la Casona.  Don Gonzalo lógicamente tenía un interesado para ella.
Comenzaron a redactar documentos que firmó. Salió  de la oficina acompañado de un más sonriente Don Gonzalo.

-   Si me permitís preguntar Don Enrique que haréis ahora? Un joven estudiado de Londres vendría muy bien a esta oficina, no es fácil encontrar candidatos vos entenderéis.

Enrique lo miro un momento.

-   Agradezco Don Gonzalo el ofrecimiento, pero haré lo que me propuse al iniciar el viaje de regreso
-   ¿Que sería me pregunto?
-   Decidir mi propia vida, y quedar aquí no es mi deseo.

Don Gonzalo se quedó con la boca medio abierta, sin entender muy bien qué quiso decir el joven o al menos eso dio a entender con su gesto. Lo vió alejarse camino a las escaleras y bajar seguido de su sirviente.

Al salir a la acera, volvió a respirar profundo, miró a lo largo de la calle empedrada. Se volvió a Rocco.

-   Las cosas salieron según os predije Rocco. Dije que os convenía quedaros en Londres y con mi carta de recomendación estarías al servicio de alguna buena Casa.

-   Don Enrique,  Londres nunca me gusto, ni su niebla, el frio y la humedad. No me caen bien nada de allí. Venirnos fue lo mejor para mí. Aún tengo dos semanas más a su servicio Don Enrique, si me permite, deseo cumplirlas y después volver a Italia.

Enrique no dijo más y siguieron camino por la calleja. Entró en una tienda a comprar tinta,  papel y lacre.  Siguieron caminando recorriendo el pueblo alimentando por última vez la nostalgia durante el regreso al caserón.

Al llegar habló con la mujer serbia de nombre impronunciable, a la que simplemente llamaba Serbia, sobre la situación económica actual.

-   Agradezco enormemente vuestras atenciones, pero no os podré mantener a mi servicio. Decidme  cuanto se os debe y veré que mañana lo recibáis.

En un castellano con acento del este le respondió sin expresión en su rostro.

-   Don Gonzalo dijo quedarme, atender al señor hasta que el señor deje casa. El señor no debe nada a Serbia.

Enrique asintió con la cabeza indicando que entendía, más de lo que ella imaginaba. Ella dejo la sala a continuar con sus quehaceres. Él entró en la biblioteca, rodeó el escritorio para sentarse. Contempló el escritorio y los muebles de la habitación. Apartó los recuerdos que lo acechaban. Tomó tinta, una pluma, papel y comenzó a redactar unas cartas.

Enrique Mendoza

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Re: El regreso de Enrique
« Reply #2 on: 19 July, 2018, 05:56:16 AM »


Quote

Querida Prima Gracia,

Que Teos os tenga en bendiciones, y os brinde mucha salud para disfrutar años de abundancia de la gracia  de Dios.
Os escribo para daros nuevas de mi retorno a Castilla, hace unos  días arribe a tierras Navarras a casa de mis padres. Con pesar os comunico que, como ha pasado con muchos en este bendito suelo, cayeron en los brazos de la peste. He visitado sus tumbas y dejado flores con una oración por ellos. Fueron enterrados juntos como juntos han estado toda su vida.

Sé que poco podéis acordaros de mí, pues éramos muy chico desde la última vez que os vimos. Poco he sabido de vosotros. Desde mi partida a Londres a estudiar, no tuve muchas noticias de la familia.  Os cuento que Clara entro  en un convento y según sé está bien de salud.  Leticia, poco sé de ella, salvo que se encuentra bien casada con un rico comerciante viviendo en Génova.  Poco más se de ella.  Quizás algún día las visite. He cumplimentado trámites de papeles y más papeles para dejar ordenado todo aquí.  Nuestro nombre queda limpio de deudas, más nada queda para continuar.  Lo poco que pude rescatar se los envié a ellas. Como sabrás entender lo necesitan más que yo.  Tenemos un nombre que proteger  sobre todo.

Así como os escribo a vos, escribo también a nuestra prima Rita.

Ahora queda seguir mi camino y forjarme un futuro. Deseo veros, supe de tu casamiento, lamento no haber podido iros a ver en esa época, pero me alegro por vosotros.  Como os decía, deseo veros si me permitís. Viajaría a Burgos en mi camino a buscar ventura por el Sur. Sé que Andalucía es tierra de oportunidades y en estos momentos es lo que necesito.  Siempre fue mi  sueño más tú me sabréis aconsejar mejor, pues tiempo ha que no estoy en tierra castellana.

Aguardaré noticias vuestras.
Mis cariños y respetos.

Enrique Mendoza.




Terminó de escribir, paso la hoja por la vela para secar la tinta, sopló un poco y dobló la carta. La sello con lacre y tomo otra hoja.

Quote

Querida Prima Rita,

Que la bendición de Teos descienda sobre vuestra vida y os brinde salud para disfrutar años de prosperidad en la gracia  de Dios.
Os escribo para daros nuevas de mi retorno a Castilla, hace unos  días arribe a tierras Navarras a casa de mis padres. Con pesar os comunico que, como ha pasado con muchos en este bendito suelo, cayeron en los brazos de la peste. He visitado sus tumbas y dejado flores con una oración por ellos. Fueron enterrados juntos como juntos han estado toda su vida.

Sé que poco podéis acordaros de mí, pues éramos muy chico desde la última vez que os vimos. Poco he sabido de vosotros. Desde mi partida a Londres a estudiar, no tuve muchas noticias de la familia.  Os cuento que Clara entro  en un convento y según sé está bien de salud.  Leticia, poco sé de ella, salvo que se encuentra bien casada con un rico comerciante viviendo en Génova.  Poco más se de ella.  Quizás algún día las visite. He cumplimentado trámites de papeles y más papeles para dejar ordenado todo aquí.  Nuestro nombre queda limpio de deudas, más nada queda para continuar.  Lo poco que pude rescatar se los envié a ellas. Como sabrás entender lo necesitan más que yo.  Tenemos un nombre que proteger sobre todo.

He enviado carta también a nuestra prima Gracia dándole a conocer estas noticias.

Ahora queda seguir mi camino y forjarme un futuro. Deseo veros, si me permitís. Espero viajar a Burgos primero, en mi camino a Andalucía. Sé que es tierra de oportunidades y en estos momentos es lo que necesito.  Siempre fue uno de mis sueños, a ver como se presentan las cosas. Después  quisiera poder viajar a Portugal y visitaros. Digo Portugal porque fue lo último que supe de ti.

Aguardaré noticias vuestras.
Mis cariños y respetos.

Enrique Mendoza.




Hizo lo mismo que con la carta anterior y dejo ambas sobre la mesa. Ya vería como despacharlas a sus destinos al día siguiente.
Por hoy poco más quedaba por hacer.

Tomó un rollo, lo extendió sobre el escritorio,  el mapa mostraba toda Castilla y León.  Apoyo objetos en sus esquinas para mantenerlo extendido y lo observó por un momento. Comenzó a trazar un itinerario.